Lo que aprendí cuando una financiera me ingresó un préstamo que yo no había pedido

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Este artículo es el relato de una experiencia personal, documentada con correos, capturas y la documentación que se me envió. Cuento lo que me pasó a mí y lo que dice la normativa. No afirmo que le vaya a ocurrir lo mismo a nadie más, ni sustituye a asesoramiento jurídico individualizado.


Parte de mi trabajo como asesor financiero consiste en probar el mercado. No puedo comparar productos que no he visto por dentro. Así que hago simulaciones: bancos, comparadores, financieras de crédito rápido. Miro condiciones, leo la letra pequeña y tomo notas.

Esta semana le tocó el turno a un comparador de préstamos personales. Lo que iba a ser una simulación rutinaria terminó con un ingreso en mi cuenta que yo nunca pedí, a las 22:15 de la noche.

Lo cuento porque el problema no es que me haya pasado a mí, que puedo desmontarlo en 24 horas. El problema es a quién le pasa cuando de verdad necesita el dinero.

Primero, lo que sí es normal

Para que se entienda dónde está la anomalía, hay que saber qué parte del proceso es legal y obligatoria.

El estudio de solvencia. Antes de concederte cualquier financiación, la entidad está obligada por ley a evaluar tu capacidad de devolverlo. Puede hacerlo pidiéndote extractos bancarios o, cada vez más, mediante acceso temporal y consentido a tu información bancaria a través de proveedores autorizados. No es un capricho comercial: es una obligación de préstamo responsable, y existe para evitar que se conceda crédito a quien no puede devolverlo.

La documentación precontractual. Antes de que exista contrato alguno, tienen que entregarte información normalizada: coste total, TIN, TAE, plazos, comisiones, ejemplos numéricos y la información de protección de datos. Se llama precontractual precisamente porque va antes del contrato. Es informativa. Leerla y aceptarla no es firmar un préstamo.

Las cadenas de intermediación. Que un comparador te derive a una financiera, y esa financiera a otra, es habitual. Legal, si está identificado quién es quién y quién asume qué. Molesto, pero legal.

Hasta aquí, todo dentro de lo esperable. Miré, comparé, vi que era un intermediario más y cerré la pestaña.

Dónde se rompió

Esa misma noche recibí la notificación de mi banco: un ingreso. No una preautorización, no. No era ninguna simulación o anuncio de préstamo preconcedido. Me llegó la notificación del ingreso. Dinero.

Como entenderá el lector, utilizo cuentas de al empresa de múltiples entidades. Algunas de ellas, como era el caso; vacías y dedicadas a hacer pruebas. Eso fue lo que me hizo sospechas directamente. Era una cuenta que no debería estar indicada para ningún tipo de ingreso. Por ello, me fui directo a revisar el concepto y el ordenante.

Minutos después, un correo confirmándome un préstamo. Escribí de inmediato reclamando que tenía que tratarse de un error. A esa hora solo hay contestadores automáticos.

Al día siguiente, tras insistir, llegó la respuesta. Y aquí está el punto que me parece más grave de todo: se me comunicó que el contrato se había formalizado en mi nombre. Yo no lo firmé. Ni con firma manuscrita, ni con firma electrónica, ni con código OTP, ni con ningún otro mecanismo de los que sirven para acreditar consentimiento.

Revisé sus términos y condiciones y su política de privacidad. No encontré ninguna cláusula que anticipara nada parecido. Y no me extraña

Lo que dice la normativa

No soy abogado, pero sin firmar nada; no es legal que haya contratos que te vinculen. Añado referencia de una sentencia incluso de un caso dudoso donde la justicia exoneró a alguien precisamente por no firmar de puño y letra (incluso existiendo la firma).

Lo que sigue es el marco general que cualquiera puede consultar, pero conviene tenerlo claro:

1. Sin consentimiento no hay contrato. El consentimiento es un requisito esencial de cualquier contrato. Aceptar información precontractual, introducir datos en un simulador o autorizar una verificación de solvencia no equivalen a consentir un préstamo. Un contrato de crédito al consumo requiere, además, forma escrita y entrega de copia al consumidor.

2. El desistimiento son 14 días naturales. En crédito al consumo, tienes derecho a desistir dentro de los catorce días naturales siguientes, sin necesidad de alegar motivo alguno. Devuelves el capital y los intereses devengados hasta ese momento. Ese derecho no depende de la buena voluntad de nadie.

3. Los intereses devengados tienen que ser reales. A mí se me pretendía repercutir el interés de las horas transcurridas desde el ingreso nocturno hasta que su servicio de atención estuvo operativo para atenderme. Es decir: horas en las que era materialmente imposible ejercer el derecho que ellos mismos reconocen.

4. Y luego están los números. En la documentación que recibí figuraban un tipo de interés y una TAE que, sobre un importe pequeño y un plazo cortísimo, se disparan a cifras de tres y cuatro dígitos. La legislación española sobre usura permite anular contratos con intereses notablemente superiores al normal del dinero y desproporcionados. Que un porcentaje aparezca impreso en un documento no lo convierte automáticamente en exigible.

Qué hice yo, en este orden

Si te encuentras en una situación parecida, este es el orden que a mí me pareció el correcto:

  1. No tocar el dinero. Que quede íntegro e identificable en la cuenta. Gastarlo debilita cualquier posición posterior.
  2. Desistir por escrito y con acuse. Correo, formulario oficial de la entidad, y burofax si hay resistencia. Dejando claro que se desiste sin perjuicio de negar que exista contrato válido.
  3. Devolver el capital de forma trazable. Transferencia con concepto explícito y referencia del expediente.
  4. Reclamar formalmente al Servicio de Atención al Cliente de la entidad. Es un paso previo obligatorio para poder escalar.
  5. Escalar al supervisor si en el plazo legal no hay respuesta o la respuesta no es satisfactoria: Banco de España para la conducta de entidades de crédito, y la Dirección General de Consumo (nacional o de tu comunidad autónoma) para la práctica comercial.
  6. AEPD, si sospechas que tus datos se han usado más allá de la finalidad que autorizaste.
  7. Guardarlo todo. Correos con cabeceras completas, capturas con fecha y hora, extractos, la documentación precontractual descargada. Sin trazabilidad no hay reclamación.

La lectura de fondo

A mí esto me costó un disgusto y unas cuantas horas. Sé leer un contrato, sé a quién reclamar y no necesitaba ese dinero.

Ahora piensa en alguien que sí lo necesita. Alguien que llega a un formulario de crédito rápido a final de mes, con prisa y con miedo. A esa persona un ingreso inesperado no le parece un problema: le parece una solución. Y para cuando se da cuenta del coste real, ya han pasado los catorce días.

A alguien a quien el día a día le aprieta, que no revisa una notificación o que no está al tanto de los números exactos de su cuenta; puede no extrañarle la variación de una cuantía así de pequeña.

Ese es el «negocio». No el interés. La prisa.

Es exactamente la misma asimetría que veo cada semana en hipotecas, solo que con menos dinero y más descaro. Alguien que negocia estas operaciones todos los días frente a alguien que las firma dos veces en su vida. Y el que va con prisa, siempre firma peor.

Antes de firmar cualquier financiación

  • Verifica en el registro del Banco de España quién es exactamente la entidad que te presta. No el comparador: la que aparece como prestamista en el contrato.
  • Localiza el importe total adeudado y la TAE. No la cuota. El total.
  • Guarda copia de todo lo que aceptes, en el momento en que lo aceptes.
  • Si en algún paso no tienes claro qué estás firmando, no lo firmes. Que te lo expliquen o vete.

Y si ya estás dentro de algo que no entiendes: los catorce días corren desde ya.


En A Financial Company no vendemos hipotecas ni préstamos. No cobramos comisión de ninguna entidad. Trabajamos solo para el cliente, y por eso podemos decir en voz alta cosas como esta.

Si tienes una oferta encima de la mesa —hipoteca, subrogación o financiación— y quieres que alguien la lea contigo antes de firmar, escríbenos.


Actualización: Finalmente, y como era de esperar; han accedido a aceptar las cláusulas de desistimiento. No sin antes persistir en que pagase para cerrar el préstamo por el valor de los intereses del día generado. Día que, precisamente, son las pocas horas desde que me hicieron el ingreso hasta que han abierto ellos la oficina de atención a la mañana siguiente.